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Acerca

La silla-mano de Pedro Friedeberg

Pedro Friedeberg nació en Florencia en 1936 y a la edad de tres años se mudó a la Ciudad de México, donde ha vivido por más de siete décadas. Friedeberg, un notable pintor, escultor y diseñador de muebles fantásticos, nació en una familia de padres judíos alemanes ilustrados y es admirador de los grabados de ensueño de M.C. Escher y Piranesi, amante de la arquitectura fantástica de Gaudí, de la geometría sagrada y del arte cinético cargado de simbolismo universal. Después de estudiar arquitectura, trabajó con el artista Mathias Goeritz, en contacto con el Movimiento Moderno mexicano que más tarde alimentó su rebelión surrealista. Junto con Frida Kahlo, Friedeberg fue reconocido por André Bretón como parte del Movimiento Surrealista. Pertenece al grupo de surrealistas, entre los que se encuentran Remedios Varo, Edward James y Mathias Goeritz como amigos cercanos, y se rebeló contra el manifiesto del Movimiento Moderno.

“En el sueño vagaba por un palacio donde todos los
muebles estaban construidos a
base de partes anatómicas
vivas, algo similar a lo que se
ve en la película de Cocteau La bella y la bestia"[1]

—Pedro Friedeberg

Inspirado por esta manifestación, Friedeberg se motivó a hacer una silla de madera que simplemente respondiera a los muebles del periodo y contrastara con ellos: funcional y “moderna”, su propuesta se basó en dos elementos de la anatomía humana integrados en uno: un pie y una mano, siendo el primero la base de la silla y la palma de la segunda, el asiento, mientras que los cinco dedos eran el respaldo ya que creía que los elementos anatómicos más estables para detener y sostener algo eran los mencionados, respectivamente.

Con este ejercicio creativo, de carácter surrealista, Friedeberg pidió a José González que construyera el objeto en madera, lo que dio como resultado una excelente obra de caoba.

George Keller, un coleccionista de arte de origen suizo y director de la reconocida galería Carstairs de Nueva York, fue el primero en adquirir un par de estas piezas tras haberlas visto en la casa de Friedeberg. Cuando el escritor, poeta y padre del Surrealismo, André Breton vio la Silla-Mano, inmediatamente dio la bienvenida a Friedeberg a los círculos íntimos de los surrealistas.

La Silla-Mano todavía se produce en diferentes materiales, tamaños y colores; algunos ejemplares se destinan a usarse como sillas y otros, como meros objetos escultóricos, enfocándose en el interés de las nuevas generaciones en un objeto ya reconocido como clásico en el diseño internacional, lo que demuestra que el lenguaje icónico utilizado en el arte de Friedeberg sigue siendo relevante y provoca y eleva esta creación a objeto de culto en el ámbito de la creatividad.

Incident name La Silla - Mano
Periodo Ca. 1960
Autor Pedro Friedeberg
  1. Cervantes, José, De vacaciones por la vida memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg. (México, Trilce Ediciones, 2011), 153