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Diseño y gobernanza

En la Ciudad de México, el diseño es una práctica natural que hace poco tiempo empezó a revelarse y entenderse como medio de transformación. El diseño estructura toda una industria que apenas ha sido explorada; por lo tanto, el alcance económico, político y social de esta industria todavía no queda del todo claro, lo que puede deberse en parte a una falta de articulación de iniciativas que pueden generar información estadística con el fin de tener una idea amplia del derrame nacional e internacional, pero también porque algunos de los principales actores del ecosistema se han quedado entre el diseño como profesión que genera soluciones y los lugares que las necesitan. El principal interés de las personas involucradas en la formalización del diseño como profesión transversal valiosa se basa en tener un diagnóstico de la red interna, que revele cuál es el verdadero impacto de su trabajo sobre el ecosistema y arroje luz sobre las relaciones entre los diferentes sectores.

¿Por qué es importante? El debate internacional se ha centrado en dilucidar y articular el vínculo entre diseño y gobierno. Surgió una gran cantidad de preguntas al reflexionar sobre el papel de una disciplina que logra volver las ideas tangibles y su potencial como fuerza motriz hacia la transformación en las sociedades, sobre todo en la manera en que las coyunturas urbanas se plantean como problemáticas. ¿Cómo puede insertarse el diseño en la formulación de políticas públicas que respondan a las necesidades reales de la ciudad? ¿Cómo concibe el Estado al diseño y su creatividad inherente? O, todavía más profundo, ¿cómo el gremio del diseño se concibe a sí mismo como el que responde a las necesidades de la sociedad? Se ha considerado al diseño—todavía es así en algunos sectores—como una disciplina cuyos objetivos han sido dirigidos a la funcionalidad tácita o al embellecimiento visible. Este estereotipo ha cambiado por el entendimiento de que el diseño puede dar voz a procesos o actores específicos para que se sumerjan en un contexto local, diverso y complejo.

La transición de una comprensión puramente estética a un significado más amplio sugiere la posibilidad de entrar a las nociones de soluciones que implican sistemas o experiencias. Es hora de que la gobernanza—entendida como la forma eficiente y legítima de gobernar—reconozca que en los orígenes del diseño como la designación de un significado no se limita a un contexto artístico: los diseñadores logran traducir lo abstracto en historias, imágenes, productos y servicios (Simon, 1982). No sólo encuentran soluciones, sino que reformulan el cuestionamiento.

Una de las problemáticas del paradigma de la gobernanza estos días es cómo los sistemas democráticos están abordando la representación. Durante años, la retórica del reformismo político sostuvo que, entre más directa fuera la democracia, más representativa sería (Rauch & Wittes, 2017). No obstante, lo que los fenómenos contemporáneos han estado demostrando una y otra vez es que la ciudadanía no es necesariamente el traductor óptimo de las necesidades de las mayorías o minorías en capacidad de respuesta y efectividad. Un gobierno es un sistema impulsado por la evaluación, las medidas legislativas y los documentos de políticas (Rauch & Wittes, 2017), según se requiera. El diseño puede formar parte de este marco como puente entre el profesionalismo político y una sociedad que quiere que sus intereses se satisfagan, generando un proceso colaborativo que termine con soluciones verosímiles y comprensibles.

De esta manera, hay un objetivo que se representa de dos modos: uno en que el gobierno alcanza la formulación y el apoyo de políticas de creatividad, y otro que es capaz de construirlos mediante un proceso creativo. Por supuesto, esto requiere que el gremio del diseño asuma la responsabilidad de la parte que le da a su entorno. Los diseñadores tienen una ventana de oportunidad importante y pueden involucrarse a profundidad como proponentes activos de experimentación reconociendo su profesión como un servicio para la sociedad siendo los representantes del conocimiento de cierto tipo que pueda ponerse en práctica.