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Acerca

La búsqueda del sentido

It was around the year 1150 that the people of Aztlán had to leave their homes in search for a new promised land. God Huitzilopochtli commanded the Aztecs to search for new lands to settle and build an empire; this land was to be a fertile ground full of richness and new possibilities. The Aztecs were to pilgrimage towards the centre of the region (what is now Mexico City) until they would come across a symbolical image indicating that they had arrived in the promised land The image came as an eagle standing on a cactus devouring a snake. In their pilgrimage, the Aztecs (by then considered Mexicas—the people of Mexico) found this symbol in the middle of a great lake named Texcoco guided by the great Huitzilopochtli ca. 1325. The Mexicas started to develop their settlement on muddy mystical waters that were part of the Modern City until the beginning of the 20th Century. Xochimilco, a rural-urban settlement and a borough of Mexico City, lies 28 km south of the city center. The settlement remains as a network of canals and chinampas—man-made islands that featured rich soil for Mesoamerican Agricola—and was deemed a UNESCO World Heritage Site in 1987. The historic site is evidence of Mexico City’s foundational myth and indicates the creation of Mexico’s first design paradigms: building a city on top of a lake must have required robust design skills. Almost 700 years after the mythical foundation of the city, the almost 22 million inhabitants of the metropolitan area face difficulty in detaching themselves from the forms and figures developed by Pre-Columbian cultures. Mexican design is intrinsic to this cultural context.

This chapter, titled “Design in the Search for Meaning”, portrays how the representations and efforts of design—from the most empiric efforts to the most institutionalized strategies—are perceived by its creators by what’s really important to their ethos: tradition, religion, needs or context. Mexican design transforms meaning into essence and essence into forms and figures. Design has become a cultural manifestation alive in every corner of the city which is difficult to describe and demarcate into one specific expression. We refer to a phenomenon strongly influenced by what cannot be palpable yet it is clearly felt. A distinctive example of this symbiotic design principle is the design of UNAM - Mexico’s National University. Built in 1950 the University Campus is an ensemble of buildings and open spaces reminiscent of the pre-Hispanic architecture of Monte Albán in the state of Oaxaca. The complex echoes myths, divinities, and history through its plastic integration in the form of buildings, murals and sculptures and is a unique example of 20th-century Mexican Modernism that signifies an icon and searches for meaning through design.

Evolución y transformación

En una ciudad tan vasta y compleja como la Ciudad de México, la máxima de Heráclito “lo único constante es el cambio” se vuelve tan precisa como es posible. Como una megalópolis que se expande por vía rápida, la ciudad experimenta el diseño como un recorrido en evolución. La población de la Ciudad de México ha crecido de 3 millones de habitantes a casi 10 millones en los últimos 50 años, lo que hace casi imposible llevar la cuenta de los cambios, aunque de alguna manera se sigue recordando la esencia.

La Ciudad de México, un palimpsesto, una ciudad de ciudades, un territorio estratificado, ha visto tres culturas diferentes echar raíces en sus terrenos. Tenochtitlán, la suntuosa capital precolombina fue fusionada vigorosamente con un régimen español, lo que creó un ethos de diseño simbiótico particular y urbanismo entre la antigüedad simbólica y los nuevos usos europeos. Esta mezcla entre lo contemporáneo y lo tradicional es lo que establece Tapetes Biyuu, un proyecto social de artesanías que empodera al antiguo arte de la tapicería para transformarlo en objetos contemporáneos de culto.

Diseño en transformación constante ilustra el diseño icónico y sus transformaciones a través de los años, así como diseño emergente y en evolución, composiciones que responden a los cambios rápidos que experimenta la megalópolis. Las piezas de la “historia oficial” no se cuentan francamente, requieren de intuición e imaginación para unirlas, es un despliegue de momentos múltiples que representan más que un estilo: definen una forma de vida.


Capacidad de agencia

La mañana del 19 de septiembre de 1985, los habitantes de la ciudad de México despertaron con el ruido y la sensación de las ventanas y edificios retemblando y crujiendo. Las casas, hoteles e infraestructura pública se sacudieron y desmoronaron ante la fuerza de un temblor de 8.1 en escala de Richter. En cuestión de minutos, la mayor parte del centro de la ciudad yacían en ruinas provocando más de 10,000 muertes en la mayor tragedia que había padecido la ciudad moderna. La Ciudad de México no había experimentado la tragedia de tan cerca en tiempos modernos. Al pasar de los días los ciudadanos atestiguaron el colapso de un gobierno sin protocolos para afrontar emergencias. En México en 1985 cada acción para hacer frente a la catástrofe se manifestó como un acto de improvisación impulsada por el espíritu humano.

Durante este desastre natural, la nación entera fue testigo de la primera manifestación masiva de compromiso social cuando miles de habitantes de la ciudad se convirtieron en rescatista, enfermeras, ingenieros y diseñadores. La eficacia de la gente organizada en grupos de múltiples tareas generaron una nueva cultura entre los ciudadanos: el refuerzo de las normas de protección civil, y reglamentos más estrictos sobre las construcciones -quizás la más importante- la consciencia de la ciudadanía como un agente de cambio social. Este incidente fue particularmente devastador debido al suelo blando de la Ciudad de México, una ciudad construida sobre un lago que se localiza sobre una falla geológica, es un lugar cuyos orígenes nacen marcados. Su construcción y su evolución sobre la fractura le ha dado al Valle de México una fortaleza única que se ha superpuesto al enfrentar numerosos desafíos en su historia. Como resultado, la resistencia de sus ciudadanos se refleja en una demostración de esfuerzo colectivo y solidaridad mostrada por aquellos que no se niegan a hacer nada. Dichas características intrínsecas hacen Agencia un denominador común en nuestra identidad: La Ciudad de México está condenada a un estado de imperfección y paradójicamente esto le permite a sus habitantes a desarrollarse con creatividad y originalidad para hacer que la obra imperfecta funcione.


Ingenio colectivo

De origen desconocido, la historia del triciclo con una canasta al frente que ha dejado su marca en las calles y vida diaria de la Ciudad de México, un dispositivo móvil que ayuda a llevar todos los elementos necesarios para establecer un negocio próspero. Sin ningún tipo de planificación inicial, excepto por ser un instrumento de envío, el triciclo ha evolucionado según las necesidades de adaptación de la gente y sus necesidades, desde el transporte de agua embotellada, hasta cocinar tacos y cocer tamales. Desde 1994 este producto se ha fabricado masivamente por una compañía mexicana, fabricantes TREJO, y se exporta a Panamá, Guatemala, Cuba, Belice, Italia y Estados Unidos. Casi en todos los casos, el triciclo amarillo se ha vuelto un sistema funcional insertado en la economía de la ciudad como una figura emblemática ante los ojos de cualquier habitante o visitante. El hecho de que no exista un acuerdo común sobre el uso de este objeto lo hace inspirador como un objeto de diseño mexicano, con cierto desdén del meticuloso proceso de la planeación, cada individuo contribuye con su forma única de hacerlo funcional. Existe una visible intervención humana que se crea entorno a un ambiente en particular.

A diferencia de otras ciudades, el diseño ha florecido como un elemento de creatividad y necesidad más que una industria de gran lujo. El diseño es parte de la vida de los habitantes en muchos sentidos, ya sea por profesión o no, a pesar que no parezca obvio. La creatividad y la necesidad son dos rasgos bien conocidos en el contexto que rodea a los artistas mexicanos, diseñadores y desarrolladores que tienen la necesidad para establecer sus propias reglas y alianzas con el fin de nutrir el contexto local. El diseño mexicano es una herencia cultural con una narrativa propia en donde muchas historias se reúnen. Es una práctica que se nutre de habilidades profesionales y de técnicas artesanales, donde ambos de han complementado a través del tiempo. Se percibe como una práctica que ha sido capaz de establecer un diálogo con su entorno y una praxis que se concibe inmersa en un contexto muy local, diverso y complejo.

La capacidad de reacción ha caracterizado al diseño mexicano como resultado de los desafíos económicos que el país enfrenta donde existe una predominante desigualdad que limita el acceso y desarrollo de disciplinas creativas. Esto, de la mano con la falta de políticas destinadas a la creación de una importante plataforma del diseño como una profesión y una disciplina. Sin embargo, esto no se debe considerar una debilidad, sino una competencia en la adaptación de los entornos y al buscar una solución por medios propios. Esta habilidad es precisamente lo que dota a la comunidad de resiliencia.

Diseño colaborativo se puede encontrar en diferentes contextos de la Ciudad de México, ya sea en una galería, un bazar, un tianguis tradicional, o incluso en las pequeñas empresas conocidas como ambulantes, todas ellas con ofreciendo productos a los consumidores locales en lugar de productos de consumo masivo. El resultado de la creación de una red es aún más importante cuando no existe un programa federal para la colaboración o la unión de trabajadores creativos. Genera esta dinámica en la cual los diseñadores deben involucrarse con sus compañeros para consolidar sus productos y servicios para un público más amplio. De esta manera, cada diseñador se relaciona a nivel personal con otro actores del diseño en la comunidad local.

Improvisación y diseño son dos conceptos profundamente entrelazados en la Ciudad de México debido a que se rompen sistemas o las conexiones entre ellos; esto genera una dinámica en la cual los ciudadanos producen sus propios medios para ganarse la vida. Como resultado existe más espacio para el ingenio y la imaginación en la economía creativa. Esta autogestión se ha vuelto una habilidad que la mayoría de los emprendedores, startups y empresas culturales deben tener en cuenta. El proceso de diseño no debe aislarse del contexto en donde se produce. El hecho de que exista un esfuerzo constante en la mejora del trabajo y la empresa se traduce en una mejor calidad de vida, abriendo la posibilidad de una nueva construcción sobre cimientos más fuertes que nos lleven a mejorar el contexto social basados en el constante cambio de la cara de las ciudades.


Hacia lo posible y lo imposible

La Ciudad de México es una ciudad compleja, dibujada por las contradicciones cuyos orígenes dependen de las diversas influencias que conformaron nuestra identidad, dando como resultado un sincretismo fundado tanto en la herencia precolombina, como en la hispana. El choque de ambas culturas creó una visión particular del mundo que se refleja en múltiples manifestaciones, donde el diseño no es la excepción. Funciona como un dispositivo en donde la creatividad enfrenta tales contradicciones y busca manera de maniobrar entre ellos. Puede entenderse como una herramienta importante para el cambio social precisamente debido a las luchas generadas en los procesos de adaptación y resistencia. Por esta razón, el diseño observado en la ciudad como medio que facilita la creación de una sociedad incluyente y colaborativa en donde los diseñadores, el gobierno, la academia, el sector privado y la ciudadanía permiten que lo imposible se vuelva posible, al abrir nuevas formas de diálogo hacia estrategias creativas de desarrollo.

La voluntad colectiva ha demostrado ser una de las fortalezas más grandes en cualquier democracia, pero también puede ser indicado como un elemento importante de la economía creativa. Los numerosos eventos públicos y las plataformas independientes consolidadas en la ciudad en los últimos años son una prueba viva de que la Ciudad de México es una de las ciudades más relevantes hoy en día en el campo creativo para generar un diálogo sobre el significado del diseño con fines urbanos y que establezca un precedente donde no había. Este cantidad de eventos ha florecido debido al diseño existente y a la escena creativa previos que contribuyeron a nuevas colaboraciones de un espíritu espontáneo y receptividad, detonando alianzas inesperadas.

La política pública debe tomar en cuenta la importancia de las economías creativas no solo como catalizador para una agenda económica, sino como un importante sistema cuyo papel está vinculado directamente con el desarrollo social debido al poder que tiene de traer una transformación en la manera en la que los ciudadanos experimentan su hogar. Cuando se produce un fenómeno inesperado o persiste una problemática constante, es tiempo de cambiar el paradigma del enfoque: el problema no es la predicción, sino la construcción de escenarios alternativos para el futuro y el análisis de su susceptibilidad a los errores. Esto abre un camino, una posibilidad para imaginar e idear cursos de acción dirigidas a cambiar las situaciones existentes para las que se prefieran. No hay otra o una mejor manera para decidirnos a incluir el diseño profesional como conector entre los deseos de la sociedad y las autoridades públicas profesionales. En lugar de esperar una solución vertical de las instituciones públicas, el marco legal puede adoptar la colaboración entre los actores involucrados, desde el gobierno hasta los muchos colaboradores de la sociedad civil. Esta forma contemporánea de involucramiento le permite a la ciudadanía una participación activa en el espacio público.