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Signifying Mexico City Through Design

"Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo."

—Ortega y Gasset

Lo que origina el Diseño es la acción de designar algo, a partir del proceso de atribuir un cierto simbolismo a un concepto de modo que se le represente. Darle una identidad a algo designando un propósito es formular un proceso de pensamiento y llevarlo a un destino en particular.

Hay mucho que decir sobre la definición del diseño. Se le atribuyen diversos significados de acuerdo con el enfoque seleccionado, y todos parten del supuesto de que la planeación y el propósito son dos de los procesos hacia un resultado. Diseñar implica considerar una situación que toca a la vida cotidiana y ser capaz de imaginarse que la volvería más deseable, de modo que, más adelante, uno pueda actuar sobre esas necesidades. Se trata de detonar la imaginación de la gente sobre otros futuros—mejores—y empezar a hacerlos posibles. Trazar este camino, con sus fracasos y ausencias, para replantear las preguntas ya hechas, no es más que el acto de crear. El diseño es lo que se ofrece de forma activa para satisfacer necesidades especiales. Es, después de todo, un proceso que nos une a nuestro mundo y nos torna más humanos al tiempo que nos vuelve participantes de su experiencia.

Hoy, somos conscientes de la dualidad que se encuentra dentro del concepto tanto del verbo “diseñar” como del sustantivo “diseño”. La acción se basa en diseñar sistemas, servicios, productos y procesos finales y, al mismo tiempo, hay organismos y estructuras diseñados para alcanzar esta meta (Simon, 1982). El diseño puede concebirse como un proceso que involucra a todas las partes necesarias en él, para llegar a cualquier resultado imaginado. En otras palabras, el diseño se diseña a sí mismo, lo que lo vuelve un proceso transversal, incluyente y compartido.

Además, para explorar la búsqueda inherente a la naturaleza humana para crear un lazo con el mundo y emprender la búsqueda para representar el diseño es importante tener conocimiento del contexto. Este contexto es la Ciudad de México. El diseño mexicano y su identidad yacen en la búsqueda de formar el valor de los fabricantes locales y los procesos auténticos, no como resultado de las imágenes y los productos usuales y populares concebidos como “mexicanos”, sino lo que en realidad hay detrás de estos medios. La Ciudad de México posee una singularidad altamente compleja. La fascinación que sigue a la observación de sus calles, su gente, su forma de vivir, viene de las sensaciones vívidas del surrealismo, de que no hay planeación aparente en el origen de las cosas, no se percibe ningún orden en la manera en que funcionan los sistemas, como si tan sólo ocurrieran, día tras día, creando soluciones con materiales improvisados y dándoles un propósito ingenioso. La adaptación como medio de supervivencia en una ciudad abrumadora como lo es la Ciudad de México prepara el camino para la resignificación de los objetos en su función original. Esta complejidad reside en cómo su utilidad se transforma por necesidad, creando escenarios únicos y haciéndolos funcionar. En la Ciudad de México, la disfuncionalidad de muchos de sus sistemas—transporte público, abastecimiento de agua, alumbrado, entre otros—trae a ella una audacia indescriptible, apenas vivencial.

El diseño urbano es una forma de vivir la ciudad, uno no puede dejar de lado el diálogo constante entre lo que la clase privilegiada legitima como valioso para explotar y nutrir su creación de diseño de esto, observando las necesidades y la vida cotidiana que se encuentra en la cultura pop. Este diálogo genera una introspección para entender—o inventar—lo que somos y con lo que nos identificamos.

El hecho de que un modelo en particular basado en una sistematización de resultados óptimos no pueda funcionar—es decir, no tener acceso a servicios, dinero, la visible escasez de ciertas instalaciones y soluciones—lleva a cada individuo a generar su propio sistema personal para seguir adelante en una ciudad que nunca disminuye el ritmo. Desde luego, puede que esto no armonice con el resto, pero ciertamente la vuelve única y contrastante.

Por consiguiente, lo que hace al diseño mexicano tan particular es la autonomía con que las personas logran independizarse de lo dado—que es la ausencia de ese ideal funcional—y hacerse presentes y activas con lo que las rodea. Es la forma no programada de construir la ciudadanía. Quizá sea momento de entendernos a través de esta lente, sin moldes y mediante la invención de la mano con la enorme resiliencia inherente al ADN de nuestra ciudad.

  1. Herbert Simon, The Sciences of the Artificial (MIT Press, 1982), 129
  2. Ibid